Anorexia y bulimia

Jorge Sánchez Jinéz

Anorexia y bulimia parecen ser los opuestos de un mismo padecimiento; bien dice el Kybalión que todos los opuestos en sí mismos son idénticos: víctima y victimario, blanco y negro, depresión y ansiedad; todos los padecimientos, factores y esencias del mundo se organizan por pares de opuestos, el ying y yang es otro ejemplo conocido del mismo. Hablando propiamente de anorexia y bulimia diremos que la primera obedece a una imagen distorsionada del cuerpo, y la mente, se ve algo que no es, algo distorsionado en el sentido de la pérdida de la imagen interna y externa, de lo original, independiente de si soy delgada o de cuerpo más robusto, veré una imagen que no se corresponde con la de mi cuerpo actual, se encuentre como se encuentre (desde luego el ejercicio es importante para superar, trascender y modificar esta situación, condición); pero lo más impórtate aquí es hablar de la infancia porque la anorexia es o tiene una causa profunda dentro de esta etapa, y también en la adolescencia donde lo que se busca y abandona respectivamente (infancia y adolescencia) es el cuerpo, ya no se tiene el cuerpo de un niño(a), pero tampoco el de un adulto (adolescencia); así, entonces, la anorexia es un término medio entre niñez y adultez, sostenido por la adolescencia: para sanarla hay que ir ahí, hablar lo que se padece o duele, y para acelerar (sin prisas) el proceso de dejar esa imagen y ese dolor que la causa, la meditación puede ayudar. ¿Cómo? Yendo el cuerpo, para eso sirve la meditación, ir al cuerpo (con pura atención), y no tocando ni siquiera el mismo, porque no se requiere, la imagen disforme está dentro de uno mismo(a); para estudiantes más avanzados (de yoga o taichí, por ejemplo, pueden implementar la meditación para regular el cuerpo).

Para la bulimia diremos que obedece más la culpa, el rechazo o la negación por la propia comida. ¿Hasta dónde están nuestros límites y por qué o por quién los traspasamos? ¿Para quedar bien, obedecer o simplemente por inercia? Estas, y otras quizás, son preguntas que debemos hacer y en lo posible responder para integrar la sombra, como diría Jung, correspondiente a ese síntoma; la culpa no sirve de nada.

En ambos casos, anorexia y bulimia –y hablando de mujeres, que es el sector quien más la padece–, vale decir que corresponde a etapas tempranas de la infancia que no se han integrado, sobre todo de dolor; si las historias pueden servir de algo son para identificar e integrar estos aspectos tanto negativos como positivos de las etapas que vivimos: Wendy, de Peter Pan, por ejemplo, es una niña que crece; otras princesas de cuento también crecen: Vasalissa la sabia que se enfrenta a la Baba Yaga o la Cenicienta, que sabe cumplir sus compromisos, al margen de encontrarse con un príncipe, principio activo de la psique femenina, o animus.

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